Los pecadores, de Ryan Coogler

Ryan Coogler, reconocido por su habilidad para fusionar géneros y abordar temas sociales en películas como Black Panther y Creed, presenta Los pecadores, una obra que va más allá del horror vampírico. Ambientada en el Mississippi de 1932, en plena era de Jim Crow, la historia sigue a los gemelos Elijah «Smoke» y Elias «Stack» (interpretados por Michael B. Jordan). Ambos son veteranos de la Primera Guerra Mundial que, al regresar a casa, buscan redención y una nueva oportunidad. Su intento de abrir un club de blues pronto se convierte en una lucha contra fuerzas sobrenaturales, reflejo de los demonios internos y externos de una sociedad marcada por el racismo.

Desde el punto de vista artístico, Coogler destaca por su dirección visual y narrativa. La fotografía, a cargo de Autumn Durald Arkapaw, utiliza una paleta de colores terrosos y sombras profundas. Esta elección crea una atmósfera que recuerda tanto la crudeza de la Depresión como el expresionismo gótico de los clásicos del horror.

La música, inspirada en leyendas como Robert Johnson, no es solo acompañamiento: el blues se integra en la trama y da vida a cada escena. Las secuencias de violencia se coreografían con ritmo, donde el montaje convierte el caos en una especie de sinfonía visual. Coogler fusiona elementos de blaxploitation, romance y gore, logrando un híbrido de géneros. Aunque esta mezcla resulta original, en algunos momentos la ambición sobrecarga la narración y genera cierta irregularidad. La influencia de Spielberg en El color púrpura es visible, aunque aquí el tono es más visceral y cercano al pulp.

En el plano psicológico, Los pecadores explora la dualidad humana y el trauma colectivo. Smoke es el gemelo pragmático, marcado por la culpa y los recuerdos de la guerra, mientras Stack representa la esperanza y la espiritualidad. Michael B. Jordan logra diferenciar a los hermanos mediante gestos y matices, mostrando las secuelas del trauma y la alienación racial.

Los vampiros funcionan como metáfora del racismo estructural, devorando almas en un entorno donde el mal histórico se vuelve tangible. Coogler introduce el concepto del doppelgänger y la sombra junguiana, comparables a otras obras como Nosotros de Jordan Peele, donde el horror sirve para explorar el subconsciente y la historia reprimida. Sin embargo, la densidad simbólica puede dificultar el seguimiento de la trama, oscilando a veces entre el sermón y el espectáculo gore, lo que debilita la carga emocional en ciertos momentos.

Los pecadores se posiciona como una de las películas más destacadas de 2025, con un 98% de aprobación en Rotten Tomatoes y numerosas nominaciones a los Oscar. Coogler consigue entretener y, al mismo tiempo, invitar a la reflexión sobre la redención y la injusticia. Entre sus puntos fuertes destacan la originalidad visual, el uso del blues como elemento narrativo y la profundidad psicológica de sus personajes.

No obstante, la película no está exenta de defectos. El ritmo inicial puede resultar lento y el simbolismo, en ocasiones, excesivo. A pesar de ello, la combinación de arte y análisis psicológico ofrece una experiencia intensa y diferente, recomendada para quienes buscan un cine que desafíe y emocione. Coogler reafirma así su posición como un cineasta capaz de transformar el género y reflejar nuestras propias sombras.



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