
Alauda Ruiz de Azúa, tras el reconocimiento obtenido con “Cinco lobitos” (2022) y la serie “Querer” (2024), confirma su consolidación en el panorama del cine español contemporáneo con “Los domingos”. Esta película, galardonada con la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián 2025 y estrenada el 24 de octubre del mismo año, se adentra en el drama familiar a través del conflicto que surge cuando Ainara (Blanca Soroa), una joven de 17 años huérfana de madre, decide ingresar en un convento de clausura en vez de iniciar una carrera universitaria. La decisión de Ainara sacude a su familia, compuesta por un padre ausente (Miguel Garcés), una tía atea y protectora (Patricia López Arnaiz), la pareja de esta (Juan Minujín), la abuela Lila (Mabel Rivera) y figuras religiosas como la madre superiora (Nagore Aranburu). El guion, firmado por la propia directora, propone una reflexión sobre la fe y las relaciones familiares en la España actual.
Ruiz de Azúa demuestra una madurez estilística notable, optando por un realismo austero que recuerda al cine de Yasujirō Ozu, con una mirada sutil sobre lo cotidiano. La fotografía de Bet Rourich destaca por su delicadeza al retratar espacios íntimos, como hogares de clase media y conventos, generando una atmósfera cargada de tensión a través de silencios y miradas significativas. El montaje de Andrés Gil equilibra ritmos pausados con escenas de confrontación, evitando el melodrama y manteniendo el interés narrativo. La banda sonora de David Cerrejón, con arreglos corales y la inclusión de “Into My Arms” de Nick Cave, subraya los momentos clave y refuerza la dimensión espiritual de la historia. El reparto ofrece interpretaciones notables: Blanca Soroa debuta con una Ainara serena y enigmática, mientras Patricia López Arnaiz encarna a una Maite compleja, llena de contradicciones. El elenco secundario, con Juan Minujín y Mabel Rivera, aporta solidez, aunque la dirección de actores destaca sobre todo por la naturalidad y emotividad logradas en los personajes principales.
En el plano narrativo, la película muestra un desarrollo desigual en los personajes secundarios. Las motivaciones de la pareja de Maite (Juan Minujín) y de la madre superiora (Nagore Aranburu) permanecen poco exploradas: el primero aparece como acompañante sin una implicación clara en el conflicto familiar, mientras la segunda actúa más como figura simbólica que como personaje con profundidad psicológica, lo que resta fuerza a sus intervenciones. Asimismo, las monjas y los amigos de Ainara quedan definidos por rasgos estereotipados, impidiendo que el espectador comprenda a fondo sus posturas frente a la elección de Ainara. Esta ambigüedad genera cierta distancia emocional y puede dificultar la empatía o identificación con el conflicto.

La cuestión de la herencia familiar, mencionada en la cinta como uno de los posibles motivos de fricción entre los personajes, se presenta de forma difusa. No queda claro si se trata de una herencia material (bienes, propiedades) o simbólica (valores, expectativas familiares). En particular, la abuela Lila (Mabel Rivera) parece actuar movida por intereses contradictorios respecto a este legado, lo que desconcierta al público, ya que sus actos no encuentran una justificación explícita en el guion. Esta falta de claridad sobre los móviles de algunos secundarios y sobre el peso real de la herencia contribuye a un cierto desconcierto, especialmente en la segunda mitad de la película, donde el ritmo se resiente y la trama pierde cohesión.
“Los domingos” retoma temas recurrentes en la obra de Ruiz de Azúa, como la familia disfuncional, la pérdida y la búsqueda de sentido, pero introduce una reflexión valiente sobre la fe en una sociedad cada vez más secularizada. El proceso vocacional de Ainara se muestra con respeto y ambigüedad, evitando posicionamientos dogmáticos y fomentando el debate entre las certezas religiosas y el racionalismo laico. El humor surge de las reacciones cotidianas y a menudo escépticas de la familia —católicos de tradición pero no de convicción—, lo que aporta un tono agridulce y alterna momentos de comedia y drama. La película aborda la fe como refugio en un mundo carente de esperanza y cuestiona tanto el fracaso generacional como las dinámicas de poder dentro del núcleo familiar, invitando al espectador a reflexionar sobre la espiritualidad y la comunicación intergeneracional.
En definitiva, “Los domingos” es una obra honesta, profunda y provocadora, que ratifica el talento de Alauda Ruiz de Azúa para crear cine que invita a la reflexión y al debate. Reconocida con premios como la Concha de Oro, el Signis y cinco Goyas (entre ellos el de Mejor Película), se posiciona entre las películas españolas más destacadas de 2025. Resulta especialmente recomendable para espectadores que valoran las narrativas complejas y los dilemas morales, aunque sufre de algunas inconsistencias narrativas y de la ambigüedad en ciertos personajes y subtramas. Pese a estos detalles, la película sobresale por su capacidad de generar empatía y cuestionamiento, logrando un equilibrio entre lo íntimo y lo universal.


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