Snoopy: El beagle que conquistó el mundo desde una caseta roja

En el vasto universo de los cómics, pocos personajes han logrado trascender su medio original como Snoopy, el beagle de orejas largas creado por Charles M. Schulz. Desde su debut el 20 de octubre de 1950 en la tira Peanuts, este canino antropomórfico ha pasado de ser un secundario silencioso a convertirse en el alma de la obra, un ícono cultural y un fenómeno comercial que supera incluso a su dueño, Charlie Brown.

Snoopy apareció por primera vez en la tercera tira de Peanuts (publicada el 4 de octubre de 1950), pero sin nombre. Schulz lo presentó como el perro de Charlie Brown, un cachorro juguetón que aún no mostraba su personalidad definitiva. No fue hasta el 10 de noviembre de 1950 que Charlie Brown lo llamó “Snoopy” por primera vez. “Snoopy” era el nombre que un vecino de Schulz había pensado para su propio perro, pero que nunca usó.

Inicialmente, Snoopy caminaba a cuatro patas y actuaba como un perro normal. Pero Schulz, insatisfecho con los límites del realismo, comenzó a humanizarlo progresivamente: En 1951 se mantiene a dos patas por primera vez. En 1952 aparece su platillo de comida y sus pensamientos en bocadillos. En 1956 debuta su máquina de escribir intentando crear una novela. Y el 30 de enero de 1958 Snoopy se sube por primera vez a su caseta roja, que se convertirá en su nave espacial, submarino o tribunal.

La caseta de Snoopy es mucho más que un refugio: es un espacio de transformación. Desde su tejado, en 1956, se aplica en su máquina de escribir para llegar a ser un escritor frustrado, autor de frases como: “Era un noche oscura y tormentosa…” En 1958, Snoopy se convierte en un as de la aviación como piloto de la Primera Guerra Mundial, luchando contra el Barón Rojo. En 1968 interpreta el rol de un abogado que defiende casos absurdos. En 1969 es un intrépido astronauta y en 1971 aparece como un estudiante universitario con gafas oscuras llamado Joe Cool. Pero sus transformaciones no acaban ahí, sino que son mucha más variadas: tenista, patinador, explorador, rey…

Curiosamente, la caseta nunca se muestra por dentro (salvo en animaciones posteriores), preservando el misterio de cómo cabe un beagle con tantas personalidades.

Mientras Charlie Brown, su joven dueño, representa la frustración existencial, Snoopy encarna la imaginación desbordada y el optimismo irracional. Es narcisista, pues se cree el perro más guapo del mundo; soñador, ya que vive en un mundo donde siempre gana; leal a su manera: duerme en la caseta, pero come en casa, y rebelde, odia las órdenes, ama la comida y la siesta.

Su relación con Woodstock, el pajarito amarillo que aparece en 1967, es una de las amistades más tiernas de la historieta: no hablan el mismo idioma, pero se entienden perfectamente.

Snoopy no solo dominó los periódicos (llegó a publicarse en más de 2.600 diarios en 75 países), sino que se convirtió en símbolo de la NASA y los astronautas del Apollo 10 nombraron su módulo lunar Snoopy (1969), incluso el premio Silver Snoopy se entrega a empleados de la NASA por excelencia en seguridad. Así mismo se ha creado una inmensa mercadotecnia, alrededor de su figura: peluches, ropa, tazas, aviones de MetLife… Schulz permitió el merchandising solo si no alteraba la esencia del personaje. También se produjeron películas animadas con su imagen: A Charlie Brown Christmas (1965), Snoopy, Come Home (1972) o The Peanuts Movie (2015), y obras de teatro como: You’re a Good Man, Charlie Brown (1967). Sin olvidarnos los parques temáticos como: Camp Snoopy (Mall of America, Knott’s Berry Farm).

El 12 de febrero de 2000, un día después de la muerte de Charles M. Schulz, se publicó la última tira original de Peanuts. En ella, Snoopy está sobre su caseta, escribiendo: “Queridos amigos… He tenido la suerte de dibujar a Charlie Brown y sus amigos durante casi 50 años. Ha sido el cumplimiento de mi ambición de infancia…” Snoopy no habla en la tira, pero su silencio lo dice todo.

Hoy, Peanuts sigue vivo en reediciones, nuevas animaciones (Apple TV+) y el Museo Charles M. Schulz en Santa Rosa, California. Pero Snoopy trasciende: es el perro que nunca envejeció, el amigo imaginario colectivo de generaciones.

Por todo ello, podríamos preguntarnos: ¿Por qué Snoopy sigue siendo grande? Y la respuesta podría ser: Porque todos llevamos un Snoopy dentro: ese que sueña con ser piloto, escritor o héroe, aunque el mundo nos diga que solo somos un perro durmiendo en una caseta. “Mi vida no tiene propósito, pero al menos tengo estilo.” — Snoopy (pensando, probablemente)



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