Ángeles Santos: La visionaria de lo onírico

Ángeles Santos Torroella (Portbou, Girona, 7 de noviembre de 1911 – Madrid, 3 de octubre de 2013) es una de las figuras más destacadas y enigmáticas del arte español del siglo XX. Su trayectoria, marcada por una precocidad artística extraordinaria, una crisis personal que transformó su estilo y una vida longeva de más de un siglo, refleja tanto el fervor de las vanguardias como los desafíos de ser una mujer artista en un contexto dominado por hombres. Su obra, inicialmente vinculada al surrealismo y al realismo mágico, evolucionó hacia un postimpresionismo más sereno, dejando un legado que combina audacia, introspección y una profunda conexión con el rol de la mujer en su tiempo.

La tía Marieta

Ángeles Santos nació en Portbou, un pueblo fronterizo de Cataluña, hija de Julián Santos, funcionario de aduanas, y Aurelia Torroella. Fue la mayor de ocho hermanos, entre ellos Rafael Santos Torroella, destacado crítico de arte y poeta que influyó en la documentación de su obra. Su infancia estuvo marcada por los traslados familiares debido al trabajo de su padre, lo que la llevó a vivir en Sevilla, Valladolid y otros lugares. En Sevilla, internada en el colegio de las Esclavas Concepcionistas, se inició en el dibujo y la pintura, mostrando un talento precoz.

En 1924, la familia se estableció en Valladolid, un centro cultural efervescente gracias a figuras como los hermanos Cossío, el pintor inglés Cristóbal Hall y poetas de la Generación del 27 como Jorge Guillén y Federico García Lorca. En esta ciudad, Ángeles recibió clases del pintor italiano Cellino Perotti, especializado en restauración, quien le enseñó técnicas de pintura en grandes formatos, influyendo en su gusto por lienzos monumentales. A los 16 años, abandonó los estudios formales para dedicarse exclusivamente a la pintura, apoyada por su padre y animada por el crítico Francisco de Cossío.

Autorretrato (1928): Óleo que retrata a la joven Ángeles con una mirada intensa, en un estilo realista con toques expresionistas. Fue adquirido por el Museo Reina Sofía en 2023. La obra refleja su autoconciencia como artista y mujer en un mundo dominado por hombres. La paleta sobria y la composición centrada enfatizan su fuerza interior. Es un testimonio de su precocidad y su conexión con las artistas de la Generación del 27, como las Sinsombrero.

A los 17 años, Ángeles presentó sus primeras obras en el Salón de Artistas Vallisoletanos (1928), destacando con piezas como La tía Marieta. Su consagración llegó en 1929 con su participación en el IX Salón de Otoño de Madrid, donde expuso Un mundo, un lienzo monumental de 3×3 metros que fascinó a la intelectualidad de la época. Intelectuales como Ramón Gómez de la Serna, Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez y Jorge Guillén elogiaron su obra, calificándola como una revelación surrealista y expresionista. Su conexión con la Generación del 27 se fortaleció a través de correspondencia y visitas a Valladolid, consolidando su prestigio.

Un mundo (1929): Óleo de 3×3 metros, expuesto en el Museo Reina Sofía. Representa un planeta surrealista, cuadrado en lugar de redondo, con figuras femeninas estilizadas, paisajes fragmentados y un cielo estrellado. Inspirada en los versos de Alba de Juan Ramón Jiménez, la obra combina surrealismo, cubismo y realismo mágico. Su monumentalidad y composición innovadora desafían las convenciones de la época, evocando un universo onírico y femenino. La paleta de colores oscuros y la disposición en planos reflejan su interés por el cubismo y la Nueva Objetividad. Causó sensación en el Salón de Otoño de 1929, consolidando a Ángeles como una figura clave del surrealismo español.

Tertulia (1929): Óleo que muestra un grupo de figuras en un ambiente íntimo, con tonos oscuros y un aire misterioso. Forma parte de la colección del Museo Reina Sofía. La obra explora la dinámica social y el aislamiento, con influencias expresionistas y surrealistas. Las figuras, de rostros hieráticos, reflejan la introspección y la crítica al rol femenino en la sociedad. Su composición densa y su cromatismo sombrío refuerzan el carácter enigmático. Considerada una obra maestra, destacó por su madurez técnica y su capacidad para capturar tensiones emocionales.

Niña (Retrato de Conchita, 1929): Retrato de una niña realizado en Valladolid, con un estilo expresionista que combina delicadeza y misterio. Esta obra está ubicada en el Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona, y pertenece a su etapa temprana, caracterizada por tonos oscuros y un enfoque avant-garde.

En 1930, el X Salón de Otoño le dedicó una sala exclusiva, un honor excepcional para una artista tan joven y mujer, donde presentó 34 obras. Expuso también en París (1931), Copenhague, San Sebastián, Pittsburgh y en la Bienal de Venecia (1936), demostrando su proyección internacional.

En 1930, tras un episodio de crisis emocional, Ángeles fue internada en un sanatorio en Madrid durante un mes y medio. La prensa, alertada por Ramón Gómez de la Serna, calificó el internamiento como una reacción desproporcionada de su familia ante su carácter rebelde. La propia Ángeles, en una entrevista de 1999, describió este periodo: “Estaba nerviosa y solo me apetecía llorar. No sabía lo que quería”. Esta experiencia marcó un punto de inflexión, llevándola a cuestionar su estilo vanguardista. Obras como Alma que huye de un sueño reflejan el desdoblamiento emocional de esta etapa.

Alma que huye de un sueño (1930): Pintura que representa una figura etérea en un paisaje onírico, con un fuerte componente emocional. Creada durante su crisis personal, la obra explora temas de introspección y espiritualidad, influida por las enseñanzas religiosas de su infancia. Su estilo surrealista refleja un “desdoblamiento de sentimientos”, según la propia artista. Aunque menos conocida, es clave para entender su evolución emocional y estilística.

Niños y plantas (1930): Óleo (141 x 126 cm) que combina figuras infantiles con elementos vegetales en un entorno surrealista. Se encuentra en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid y su estilo es surrealista con un toque onírico, típico de su período vallisoletano.

Cena familiar (1930): Óleo (96 x 127 cm) que representa una escena doméstica con un enfoque surrealista, explorando la dinámica familiar y pertenece al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.

En 1933, se trasladó a Barcelona, donde conoció al pintor Emili Grau Sala, con quien se casó en 1936. La Guerra Civil Española (1936-1939) trastocó su vida: Grau Sala, republicano, se exilió a París, mientras Ángeles, embarazada, regresó a España y dio a luz a su hijo, Julián Grau Santos, en Canfranc. Durante este periodo, dejó de pintar, dedicándose a la crianza de su hijo y trabajando como profesora de dibujo.

Mujer en la ventana en Huesca (1936-1937): Óleo (70 x 58 cm) que muestra una figura femenina estilizada en un entorno más cálido, marcando la transición hacia un estilo más ligero tras conocer a su esposo, Emilio Grau Sala. Su estilo es una mezcla de expresionismo y postimpresionismo, con un canon alargado y tonos más luminosos. Colección privada (subastada).

Tras la guerra, Ángeles se reunió con Grau Sala en París y, posteriormente, vivieron en Cadaqués, Sitges y Barcelona. A partir de 1969, retomó la pintura con un estilo postimpresionista, centrado en paisajes urbanos y escenas serenas, influida por la pintura luminosa de su esposo. Aunque este cambio le permitió seguir creando, su obra perdió el carácter transgresor de su juventud, lo que contribuyó a su relativo olvido durante décadas.

Jardines del Retiro en Sitges (ca. 1965-1966): Óleo (65 x 54 cm) que representa un paisaje de Sitges con un enfoque sereno, combinando elementos de paisaje, naturaleza muerta y vedutismo. Pertenece al Postimpresionismo, característico de su etapa tardía en Barcelona. Colección privada (subastada).

En los años 70, exposiciones en la Sala Nonell, la Galería Dau al Set y la Galería Multitud revitalizaron el interés por su trabajo temprano. En 1980, una muestra antológica en el Museo del Empordà y, en 2003, una exposición en el Museo Patio Herreriano de Valladolid consolidaron su redescubrimiento. Recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2003) y la Creu de Sant Jordi (2005), reconociendo su contribución al arte español. Falleció en Madrid en 2013, a los 101 años, dejando un legado que sigue siendo objeto de estudio y admiración.

La Marquesa de Alquibla (sin fecha conocida): Obra recientemente incorporada a las salas del Museo Reina Sofía, destacada en 2025 por su relevancia en la colección Probablemente postimpresionista, acorde con su producción tardía.

La obra de Ángeles Santos se inscribe en las vanguardias de los años 20 y 30, particularmente en el surrealismo, el expresionismo y el realismo mágico. Su estilo inicial refleja la influencia del libro Realismo Mágico. Postexpresionismo (1925) de Franz Roh, traducido al español en 1927, que introdujo conceptos de la Nueva Objetividad alemana y el arte de Joan Miró. Aunque carecía de contacto directo con los círculos artísticos europeos, Ángeles absorbió estas ideas a través de revistas y publicaciones de vanguardia, combinándolas con su entorno vallisoletano y su sensibilidad personal.

Las obras tempranas de Ángeles Santos abordan el lugar de la mujer en la sociedad, con figuras femeninas que desafían las normas tradicionales a través de su presencia poderosa y enigmática. Su estilo inicial combina lo onírico con lo cotidiano, creando mundos alternativos que cuestionan la realidad. La deformación de figuras y el uso de colores oscuros reflejan una carga emocional intensa, influida por Goya y Gutiérrez Solana. Tras su crisis personal y la Guerra Civil, adoptó un estilo postimpresionista, más luminoso y convencional, centrado en paisajes e interiores, que algunos críticos consideran menos innovador. En su madurez, adoptó una estética más convencional, con paisajes luminosos que contrastan con la oscuridad de su juventud.

Ángeles destacó por su dominio de grandes formatos, aprendido de Perotti, y su uso de óleos con pinceladas precisas. En su etapa surrealista, empleó colores saturados y contrastes dramáticos; en su fase postimpresionista, optó por tonos suaves y texturas más fluidas. Su evolución técnica refleja su adaptación a las circunstancias personales y al mercado artístico de posguerra.

Ángeles Santos es un caso paradigmático de una artista cuya genialidad temprana fue eclipsada por factores personales, históricos y de género. Como parte de las Sinsombrero, las mujeres de la Generación del 27, su obra desafió las barreras de su tiempo, pero su internamiento, la Guerra Civil y las responsabilidades familiares limitaron su producción. Su redescubrimiento en las últimas décadas, impulsado por exposiciones y estudios académicos, ha revalorizado su contribución al surrealismo español y al arte femenino.

El Museo Reina Sofía, que alberga sus obras más emblemáticas, ha jugado un papel clave en su reconocimiento, destacándola como una de las autoras más importantes del siglo XX. Su historia, descrita como digna de una serie de Netflix, refleja tanto su audacia artística como las adversidades que enfrentó. Su legado perdura en la inspiración que ofrece a nuevas generaciones de artistas y en el diálogo sobre la visibilidad de las mujeres en el arte.



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