
Emerald Fennell aborda “Cumbres Borrascosas” (2026) desde una óptica singular, alejándose deliberadamente de la fidelidad a la novela de Emily Brontë de 1847. Así lo expresa al subrayar el título entre comillas, proponiendo una reinterpretación centrada en la experiencia emocional de una adolescente que descubre el libro por primera vez: pasión intensa, romanticismo tóxico y deseo salvaje, envueltos en un melodrama gótico. El filme resulta visualmente impactante, explícito en lo sexual y audaz en lo estilístico; sin embargo, en su búsqueda de provocación y modernidad, sacrifica la profundidad emocional y la complejidad temática—aspectos que en la novela original son fundamentales. Por ejemplo, mientras Brontë explora el tormento interno y la ambivalencia moral de sus personajes a través de largos monólogos y una estructura narrativa enmarcada, Fennell opta por escenas de alto voltaje visual que, aunque memorables, no logran transmitir el peso del conflicto interno. En la adaptación de Andrea Arnold (2011), la cámara se detiene en los silencios, las miradas y la aspereza de los paisajes, permitiendo que el dolor y la rabia de Heathcliff y Cathy se manifiesten de forma más visceral y menos explícita, generando una conexión emocional más profunda con el espectador. Aquí, en cambio, la intensidad se centra en lo físico, dejando a un lado la complejidad psicológica y la tragedia inevitable que define el clásico.
La película se focaliza en la primera mitad de la historia: la infancia de Cathy (Margot Robbie) y Heathcliff (Jacob Elordi) en los páramos de Yorkshire, su vínculo ambiguo y la decisión pragmática de Cathy de casarse con Edgar Linton (Shazad Latif), seguida por el regreso de Heathcliff lleno de resentimiento. Fennell elimina el segundo acto generacional y la narración enmarcada, reduciendo el papel de Nelly Dean (Hong Chau) a una presencia secundaria. Esta decisión, aunque legítima desde la perspectiva de la adaptación, limita la exploración de los ciclos de violencia y las consecuencias de las acciones de los protagonistas, que en la novela y en otras versiones—como la de Arnold—tienen un peso decisivo. Por ejemplo, Arnold utiliza la figura de Nelly como testigo y mediadora de los conflictos, aportando matices y profundidad a los dilemas morales; en la versión de Fennell, la mirada gélida de Nelly apenas aporta contexto, y el foco se desplaza al torbellino erótico entre Cathy y Heathcliff, dejando de lado las complejidades sociales y familiares.

Visualmente, la película es un despliegue de creatividad: Linus Sandgren (fotografía) y Jacqueline Durran (vestuario) construyen un universo anacrónico con vestidos de látex, interiores que evocan pasarelas y una paleta de colores saturada. La banda sonora fusiona la partitura de Anthony Willis con temas de Charli XCX, reforzando esa atmósfera de “fever dream” pop-gótico. Las secuencias explícitas—como Cathy masturbándose contra las rocas o los encuentros apasionados bajo la lluvia—resultan provocadoras, pero la carga emocional se queda en lo sensorial. En contraste, la novela y la adaptación de Arnold enfatizan la represión y el sufrimiento, permitiendo que los personajes se expresen a través de gestos mínimos y silencios, lo que genera una mayor empatía y complejidad. Así, el deseo y la pasión en la versión de Fennell se presentan de manera directa, pero el conflicto interno y la destructividad del amor quedan diluidos.

Margot Robbie y Jacob Elordi aportan atractivo y carisma a sus personajes; él, con una mirada magnética, y ella, con energía salvaje. Aunque su química se evidencia en las escenas de intimidad, la relación entre Cathy y Heathcliff carece de la profundidad trágica y la corrosión del odio-amor que caracteriza la obra de Brontë. Más que “muñecos de papel”, ambos parecen atrapados en una estética de lujo y erotismo, lo que limita la transmisión del dolor y la ambivalencia moral. En la novela, los protagonistas se debaten entre el deseo y la autodestrucción, y sus decisiones tienen consecuencias devastadoras; aquí, los momentos de tensión quedan subordinados al impacto visual, y el desarrollo psicológico se percibe como superficial. No obstante, es justo reconocer que la propuesta de Fennell busca deliberadamente un enfoque estilizado y moderno, priorizando la experiencia sensorial sobre la introspección clásica.
El casting de Heathcliff suscita una polémica relevante: en la novela, Heathcliff es descrito como un personaje de origen étnico ambiguo, “oscuro” y marginado, lo que representa un elemento central en la trama y en la crítica social de Brontë. Su condición de outsider, tanto por clase como por raza, alimenta el resentimiento y el conflicto con los demás personajes. La elección de Jacob Elordi, actor blanco y atractivo, minimiza ese trasfondo y reduce el impacto de la figura de Heathcliff como símbolo de alteridad y sufrimiento. En la adaptación de Arnold, el Heathcliff interpretado por James Howson enfatiza el aislamiento y la discriminación, aportando una dimensión adicional al conflicto. La versión de Fennell, en cambio, privilegia la estética y el deseo, dejando en segundo plano la carga social y étnica del personaje, lo que ha generado debate entre lectores y críticos.
En definitiva, “Cumbres Borrascosas” de Emerald Fennell es una adaptación visualmente deslumbrante y provocadora, que ofrece una experiencia entretenida y comercialmente exitosa. Aunque carece de la profundidad emocional y la complejidad temática de la novela original y de otras adaptaciones más introspectivas, su visión estilizada aporta una reinterpretación moderna y arriesgada. No es la obra definitiva sobre almas atormentadas, pero sí una versión que invita a reflexionar sobre los límites y posibilidades de la adaptación literaria en el cine contemporáneo.


Deja un comentario