Historia del cómic, capítulo 2º: Mesopotamia

En los albores de la historia aparecen unos asentamientos en los valles de los ríos Éufrates y Tigris cuyas riquezas les permitieron un desarrollo mucho más rápido que en el resto del planeta, nos estamos refiriendo a los territorios de Mesopotamia, “la tierra entre ríos” según los griegos (Μεσοποταμία). Esta fue la zona donde se dio el primer paso hacia el Neolítico ya entre el 6.000 al 5.000 antes de Cristo, con un progreso bastante importante de la agricultura y la ganadería lo que favoreció el florecimiento de las primeras ciudades, del comercio y de la aparición de la escritura, allá por el tercer milenio antes de nuestra era, cuya función primaria era la de administrar las cuentas de la comunidad sobre tablillas de arcilla…
La historia de esta región fue de todo menos tranquila y diversos pueblos quisieron dominarla a lo largo de la historia dando lugar a distintos imperios, como sumerios o acadios, babilonios o asirios, persas o griegos… lo que daría lugar a un sincronismo de culturas que se reflejarían en el arte.
Y es aquí, en el arte, y más concretamente en la pintura y los grabados, donde queremos detenernos para estudiar un poco sobre la historia del cómic.

Sumer

Mesopotamia era un territorio de aluvión por lo que encontrar piedras duras para poder realizar esculturas o grabados era algo complicado, así pues, éstas se traían de otras comarcas bastante más lejanas, como las gemas de la India, o el marfil africano, el lapislázuli asiático o el ámbar nórdico, pero también escaseaban piedras como la obsidiana, dolerita, serpentina, diorita, jaspe, alabastro, piedra caliza, mármol… así que cuando se conseguía alguna de ellas, era tratada con verdadero mimo y calidad.
Un ejemplo de ello eran los sellos cilíndricos grabados con motivos que representaban dioses o símbolos de poder y lo cuales tenían como finalidad la de imprimir sus relieves sobre tablillas de arcilla. Éstos estaban fabricados en piedra, cristal u otros materiales. Eran unos pequeños cilindros grabados con dibujos y un pequeño texto que identificaba a su poseedor que, una vez se pasaba por la tablilla de arcilla húmeda, se reproducía en un friso con cierto potencial narrativo o decorativo.

Sello cilíndrico e impresión grupo de ganado en un campo de trigo Caliza Mesopotamia período de Uruk

Estos sellos aparecen por primera vez en el período Uruk medio, sobre la mitad del IV milenio a.C., hallándose el ejemplar más antiguo en Shafarbad, al sudoeste de Irán. Se utilizaban para sellar puertas, tinajas y bolas de arcilla, más tarde se extendería su uso por toda la zona de escritura cuneiforme y su utilidad llegará hasta nuestros días: sólo tenemos que recordar los cuños de caucho para sellar cartas o los algo más antiguos para el lacre del correo.

Sello mesopotámico

Su temática era muy variada y representaban tanto temas religiosos, como sociales, económicos, de la vida cotidiana, etc, pero siendo siempre un fiel reflejo de la forma de pensar de su autor y evolucionando en relación al lugar y al periodo al que correspondieran.
Su función, además de la meramente estética, administrativa o identificativa, era preferentemente narrativa por lo que los hemos escogido como antiguos representantes del cómic actual.

Sello mesopotámico 2.

Otras representaciones también bastante distintivas fueron las estelas, (del griego, στήλη, stēlē; plural, στήλαι, stēlai y del latín stela; plural, stelae), que es la denominación de un monumento pétreo, normalmente monolítico con inscripciones, que se erige sobre el suelo y puede tener una función conmemorativa, funeraria, religiosa o geográfica. En ellas aparecían textos, símbolos o figuras describiendo su motivo o función, por ejemplo, en este período, las estelas de Hammurabi o la Naram-Suen de Akkad, esta última, también llamada Estela de la victoria, conmemoraba las conquistas de este gran rey acadio quien consiguió unificar toda Mesopotamia, Siria, Alepo y el Sinaí bajo su mando:

Detalle de uno de los relieves de la cacería de Asurnasirpal.

Durante el período asirio proliferan los bajorrelieves sobre piedras de mármol o alabastro cuya tendencia a la exageración de la musculatura humana es una de sus características más notable. Los personajes distinguidos, como grandes guerreros, héroes o reyes, llevan grandes barbas con rizos escalonados, mientras que los hombres de clase baja carecen de pelos en el rostro. También es característico de estos los adornos en los vestidos con grande flecos o franjas en los bordes.

Cacería de Asurnasirpal (Asurnasirpal II, ca. 860 a. C.) panel 19 de la habitación B del Palacio Noroeste de Nimrud, Nínive.

En lo que se refiere a la pintura, son muy pocos los ejemplos que han llegado hasta nuestros días, en parte porque el tiempo y el clima han hecho su trabajo de desgaste y en parte porque los frescos fueron menos abundantes que en la cultura egipcia (de la cual hablaremos en el próximo capítulo):

Reconstrucción arqueológica del siglo XIX sobre el posible aspecto de una sala del palacio de Nínive.

Donde sí se encuentran bastantes ejemplos significativos es en arte mueble, es decir, la obra de arte que era realizada sobre un objeto de pequeñas dimensiones y fácilmente manejable y transportable por el ser humano, así como en mosaicos (obras pictóricas elaboradas con pequeñas piezas de piedra, cerámica, vidrio u otros materiales similares de diversas formas y colores, llamadas teselas, unidas mediante yeso, u otro aglomerante, para formar composiciones decorativas geométricas o figurativas), y taraceas (técnica artesanal aplicada al revestimiento de pavimentos, paredes, muebles, esculturas y otros objetos artísticos), siendo los temas similares al de los grabados anteriormente mencionados.

Detalle de la decoración de la Gran lira procedente de las tumbas reales de Ur (ca. 2650-2550 a. C.)


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