Historia del Cine. Capítulo VI: Madurez Artística y Sistema de Estudios (1910 – 1920)

La década de 1910 a 1920 marcó un punto de inflexión en la historia del cine, un período en el que el medio evolucionó de ser una curiosidad técnica a una forma de arte consolidada y una industria organizada. Este tiempo, conocido como la era del cine mudo, vio el nacimiento de la narrativa cinematográfica moderna, el desarrollo del sistema de estudios en Hollywood y la emergencia de figuras icónicas como D.W. Griffith, Charlie Chaplin y Buster Keaton, cuyas contribuciones definieron el lenguaje del cine y dejaron un legado perdurable.

A principios de la década de 1910, el cine aún era un medio joven, dominado por cortometrajes de un solo rollo proyectados en nickelodeons, pequeñas salas donde el público pagaba un níquel para ver historias simples, a menudo comedias slapstick o melodramas. Sin embargo, la demanda de narrativas más complejas y la profesionalización de la industria llevaron a cambios significativos. Los cineastas comenzaron a experimentar con técnicas de montaje, iluminación y composición, mientras que la duración de las películas se extendió, dando paso a los largometrajes.

La Primera Guerra Mundial (1914-1918) tuvo un impacto profundo en el cine. Mientras Europa, cuna del cine en sus primeros años, se sumía en el conflicto, Estados Unidos emergió como el epicentro de la producción cinematográfica. Hollywood, un pequeño suburbio de Los Ángeles, se convirtió en el corazón de la industria gracias a su clima favorable, diversidad de paisajes y distancia de las restricciones legales impuestas por la Motion Picture Patents Company (MPPC), un monopolio que controlaba la producción y distribución en la Costa Este. Este contexto permitió el surgimiento del sistema de estudios, un modelo de producción verticalmente integrado que dominaría el cine estadounidense durante décadas.

El sistema de estudios, que comenzó a consolidarse en la década de 1910, transformó el cine en una industria eficiente y estandarizada. Compañías como Paramount, Universal, y más tarde MGM y Warner Bros., establecieron un modelo en el que controlaban todos los aspectos de la producción, desde la escritura de guiones hasta la distribución y exhibición. Los estudios contrataban a directores, actores y técnicos bajo contratos exclusivos, lo que garantizaba una producción constante de películas.

Este sistema también fomentó la especialización de roles dentro de la industria. Los guionistas comenzaron a desarrollar historias más elaboradas, los directores asumieron un papel central en la visión artística, y los actores se convirtieron en estrellas cuya popularidad atraía al público. La creación de géneros cinematográficos definidos, como el western, la comedia y el melodrama, permitió a los estudios segmentar audiencias y maximizar ganancias.

Sin embargo, el sistema de estudios no estuvo exento de críticas. La estandarización a veces limitaba la creatividad, y los contratos rígidos restringían la libertad de los artistas. A pesar de esto, la década de 1910-1920 fue un período de innovación, impulsado por visionarios que aprovecharon las oportunidades de esta nueva estructura industrial para elevar el cine a nuevas alturas artísticas.

De esta manera llegamos hasta la aparición en escena de David Wark Griffith (1875-1948), quien fue ampliamente reconocido como uno de los pioneros más influyentes del cine. Su trabajo en la década de 1910 estableció las bases del lenguaje narrativo del cine, transformando la forma en que se contaban historias en la pantalla. Griffith comenzó su carrera en la Biograph Company, donde dirigió cientos de cortometrajes entre 1908 y 1913. Durante este tiempo, perfeccionó técnicas como el montaje paralelo (cross-cutting), que permitía alternar entre diferentes líneas de acción para aumentar la tensión dramática, y el uso de primeros planos para enfatizar las emociones de los personajes.

Su obra maestra, El nacimiento de una nación (1915), marcó un hito en la historia del cine. Esta película de tres horas, basada en la novela The Clansman de Thomas Dixon, fue revolucionaria por su escala, complejidad narrativa y ambición técnica. Griffith empleó movimientos de cámara innovadores, una partitura musical original y una narrativa épica que abarcaba la Guerra Civil estadounidense y la Reconstrucción. Sin embargo, la película es profundamente controvertida debido a su racismo explícito y su glorificación del Ku Klux Klan, lo que ha generado debates sobre su lugar en la historia del cine. A pesar de esto, su impacto técnico y comercial fue innegable, demostrando que el cine podía ser un medio para historias ambiciosas y emocionalmente resonantes.

En 1916, Griffith estrenó Intolerancia, una respuesta a las críticas de El nacimiento de una nación. Esta película entrelaza cuatro historias de diferentes épocas para explorar el tema de la intolerancia humana, utilizando un montaje innovador que alterna entre las narrativas. Aunque fue un fracaso comercial en su momento, Intolerancia es ahora considerada una de las obras más audaces de la era muda, consolidando la reputación de Griffith como un visionario.

Sin embargo, será Charlie Chaplin (1889-1977) la figura más icónica del cine mudo, conocido por su personaje de “El Vagabundo” (The Tramp), un hombre pobre pero ingenioso que combinaba comedia física con un profundo pathos humano. Chaplin comenzó su carrera en el teatro de variedades en Inglaterra antes de mudarse a Estados Unidos, donde se unió a la Keystone Studios en 1914. Su talento para la comedia slapstick lo convirtió rápidamente en una estrella.

En 1915, Chaplin firmó con Essanay Studios, donde comenzó a desarrollar su estilo distintivo. Películas como The Tramp (1915) introdujeron al público a su personaje emblemático, un vagabundo con un corazón de oro que enfrentaba las adversidades con humor y dignidad. La habilidad de Chaplin para combinar comedia con comentario social, como en The Immigrant (1917), que aborda las dificultades de los inmigrantes, resonó con audiencias de todo el mundo.

En 1919, Chaplin, junto con Griffith, Mary Pickford y Douglas Fairbanks, fundó United Artists, una compañía que les permitió tener control creativo sobre sus proyectos, desafiando el dominio del sistema de estudios. Esta independencia marcó un punto de inflexión en su carrera, permitiéndole producir obras maestras como The Kid (1921), que combina comedia, drama y autobiografía en una historia conmovedora sobre un vagabundo que adopta a un niño abandonado.

El genio de Chaplin radicaba en su capacidad para trascender las barreras culturales y lingüísticas. Su uso de la pantomima, expresiones faciales y coreografía precisa hizo que sus películas fueran universalmente accesibles, convirtiéndolo en una de las primeras superestrellas globales del cine.

Buster Keaton (1895-1966), conocido como “El Cara de Piedra” por su expresión imperturbable, fue otro pilar de la comedia muda. Criado en una familia de vodevil, Keaton debutó en el cine en 1917 junto a Roscoe “Fatty” Arbuckle, pero fue en la década de 1920 cuando alcanzó su apogeo como cineasta y comediante. Su enfoque en la comedia se distinguía por su precisión técnica, acrobacias arriesgadas y una narrativa visual que a menudo rozaba lo surrealista.

Keaton asumió un control casi total sobre sus películas, actuando, dirigiendo y escribiendo. Su cortometraje One Week (1920) es un ejemplo temprano de su genialidad, mostrando su habilidad para construir gags complejos alrededor de una premisa simple (la construcción de una casa prefabricada). En 1920, Keaton comenzó a producir largometrajes, y obras como Sherlock Jr. (1924) y The General (1926) demostraron su maestría en combinar comedia con innovaciones técnicas, como efectos especiales y secuencias de acción elaboradas.

A diferencia de Chaplin, cuyo humor estaba impregnado de sentimentalismo, Keaton apostaba por un enfoque más cerebral y físico. Sus acrobacias, realizadas sin dobles, eran peligrosas y meticulosamente coreografiadas, como la icónica escena en Steamboat Bill Jr. (1928), donde una fachada de casa cae sobre él, salvándose solo por una ventana abierta. Keaton también experimentó con la metaficción, como en Sherlock Jr., donde su personaje entra literalmente en la pantalla de una película, rompiendo la cuarta pared de manera innovadora.

La década de 1910-1920 fue un período de madurez artística para el cine, impulsado por la visión de cineastas como Griffith, Chaplin y Keaton. Griffith estableció las bases del lenguaje cinematográfico, creando un vocabulario visual que aún se utiliza hoy. Chaplin humanizó la comedia, convirtiendo al cine en un medio para explorar temas universales como la pobreza y la resiliencia. Keaton, por su parte, llevó la comedia física a nuevas alturas, combinándola con una inventiva técnica que anticipó el cine moderno.

El sistema de estudios, aunque restrictivo en algunos aspectos, proporcionó la infraestructura necesaria para que estos artistas alcanzaran audiencias masivas. La popularidad de las estrellas de cine, junto con la expansión de las salas de exhibición, convirtió al cine en una forma de entretenimiento dominante, sentando las bases para la Edad de Oro de Hollywood en las décadas siguientes.

Sin embargo, el legado de esta era no está exento de matices. La glorificación de narrativas problemáticas, como en El nacimiento de una nación, refleja los prejuicios de la época, mientras que el sistema de estudios a menudo priorizó las ganancias sobre la creatividad. A pesar de estos desafíos, los logros de Griffith, Chaplin, Keaton y sus contemporáneos transformaron el cine en un arte global, demostrando su poder para contar historias, provocar risas y conmover corazones.

En conclusión, la década de 1910-1920 fue un crisol de innovación y consolidación para el cine. Las contribuciones de D.W. Griffith, Charlie Chaplin y Buster Keaton no solo definieron la era muda, sino que también establecieron un estándar de excelencia artística que continúa inspirando a cineastas y audiencias en todo el mundo.



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